sábado, 29 de noviembre de 2014

A Diary Of Life | Capítulo I | Brand New Day


Capítulo 1
Brand New Day

"Toda historia tiene un gran final, pera en la vida, un final es el comienzo de algo nuevo." —Anónimo


 FEBRERO 1.

Primer día clases, Como a cualquier adolescente, no es algo que realmente me emocione, ciertamente, a la mayoría le excita la perspectiva de contar a sus amigos sus aventuras de vacaciones, ver qué cambios han surgido, o simplemente empezar un nueva etapa. Pero una vez toda aquella emoción ha pasado, queda las frustración de los deberes, y la preocupación aumenta debido al futuro.


Soy Lucy, tengo 17 años y en un año termino mis estudios escolares. Lo que pase después... Es un misterio. Aún no sé si tendré un trabajo de verdad, o ingresaré a alguna Universidad. Sinceramente, no es un tema del cual pueda hablar ahora con seguridad. Se supone que debería estar feliz, empezaría una nueva etapa de mi vida, quizá debería sentir mariposas en el estómago, pero no, no siento nada cerca a la emoción o a la felicidad. Solo deseo un poco de suerte para sobrevivir al nuevo día que llega.


Mi teléfono sonó, haciendo que alejara la mirada de mi diario, para posarla sobre el rectángulo electrónico que sonaba y vibraba a mi lado. “Sweet Child O’ Mine” tenía cómo tono, una de mis canciones favoritas de los Guns ‘N Roses. Contesté, sabiendo perfectamente quién era. No es como si tuviera una larga lista de contactos esperando su turno para poder llamarme.



—¡Lucy! Hola. ¿Paso por ti o vienes por tu cuenta? —Preguntó Taylor Ford al otro lado de la línea. Nos conocíamos hacia bastante tiempo, convirtiéndose en mi mejor amiga. 

—Hoy estaré por mi cuenta. Necesitaré un poco de aire fresco para despejar la mente. Hora de la rutina. —Respondí con un suspiro. Odiaba repetir los mismo monótonos días de siempre, en una ciudad como aquella, no ocurría nada interesante, emocionante, algo que te hiciera desear despertar cada día, poniendo una gran sonrisa en tu rostro, bueno, al menos no me pasaba a mí.

—Te veo allá entonces. Suerte. —Se despidió con un tono cálido. Cuando un pito me indicó que la llamada había finalizado, dejé el teléfono donde había estado momentos antes y retomé mi diario.

“¿No han tenido la sensación de odiar la rutina en la que sin darse cuenta se han introducido? Bueno yo sí. La odio. Ahora que necesito volver a la vida real, tengo que volver a una. Haré lo que cualquier persona normal haría; levantarse, la ducha, vestirse, el desayuno, clases, comer, deberes y a dormir. Ni siquiera para mí entraba la vida social. Tengo a Taylor, me ayuda, e incluso a Jake, mi otro mejor amigo. Después de seis meses, se supone que estaría mejor, o es lo que todos creen, y es mejor para mí. A pesar de que no es algo de lo cual puedas salir fácilmente, las personas lo creen, es mejor para sí mismos. Sólo necesitaba más tiempo... ¡Nuevo día, allá voy!" 


Dejé el diario nuevamente a un lado, guardándolo en el cajón de mi mesita de noche derecha. Terminé de alistarme y llegué rápido al primer piso. Vivía con mis padres, pero después de aquel trágico día que marcó nuestra vida para siempre, ellos evitaban estar mucho tiempo en la casa, nada era igual.

Con un sentimiento de miseria, me preguntaba a cada momento que habría ocurrido si hubiera sido yo y no él. Probablemente mis padres estarían más felices, casi lo podía asegurar. Él era el orgullo y la felicidad de esta familia, y yo sólo soy una sombra de lo que podría haber sido, pero jamás podría llegar a ser.

Después de desayunar algo ligero, salí de la casa. El aire era fresco, no hacia ni frío ni calor, era casi perfecto. La ligera briza desordenaba aún más mi, ya de por sí, desastrosa coleta; un fatal intento para recoger mi cabello castaño. Me tomó alrededor de quince minutos llegar al establecimiento. Suspiré y mandé una oración a mi Ángel Guardián. Todo seguía igual, pero para mí de alguna manera, se sentía totalmente diferente.


Como era de costumbre, el primer día ingresábamos a el coliseo principal. Estaban reunidos todos los estudiantes de penúltimo y último año. Caminé hasta lo alto de las gradas y me senté, observando todo a mi alrededor. Todos conversaban animados, Era la época perfecta para cualquier persona, aunque la mayoría no lo supiera en su momento. Pasara lo que pasara, todo podría mejorar. No importaba cuántas veces te caías, te levantabas y aprendías de lo sucedido. Ser egoísta está bien, al final no hay mucho de lo cual arrepentirse, porque la juventud es para vivirla. Por más malos que sean nuestros actos, con el tiempo, se logra recomponer todo. 

Excepto yo.

Yo caí y destruí todo a mi alrededor, y ya no existe manera de remediarlo. Porque por más que desee retroceder el tiempo, es imposible. Ya no hay reversa a todo el dolor causado. Sería recriminada por siempre, pero no sólo por mis padres, sino también por mí misma. La diversión ya no existía en mi medio cotidiano y el egoísmo era un pecado. Mi conciencia no me permitía vivir, no me permitía disfrutar. ¡Já! Disfrutar. Si me preguntaran cómo definiría tan simple acción, sería seguro que no sabría cómo. Había olvidado por completo como era aquello, sonreír con naturalidad y regocijarse de las pequeñas cosas de la vida. 

Y no me malentiendan, no busco compasión, y a pesar de que mucho me tacharon de dramática, no me importa realmente. La mayoría no ha pasado por mi situación y le es más que fácil juzgar. 

Sumida en mis pensamientos, sentí que alguien me abrazó por detrás. —¡Hola! —Era Taylor. Siempre con una hermosa sonrisa adornando su rostro. Me volteé y correspondí a su abrazo cálido. Me alegraba tenerla a mi lado, a pesar de todo. 

—Hola, Taylor. Qué bueno verte de nuevo, te extrañé bastante. —Dije, con un poco de nostalgia en mi voz. Al soltarnos, ambas nos acomodamos para tener lo que se suponía sería un cómoda conversación.

—Yo también te extrañé. No tienes idea de cuánto. En definitiva no quiero ir de nuevo de vacaciones con mi familia si no estás tú incluida. —Observé con atención a mi amiga. Era tan entusiasta y optimista a la vida. Era fácil estar con ella, era agradable sentir verdadero afecto, como un bálsamo para mis heridas.

—Me agrada la idea. Estar aquí sola es aburrido. Jake también se fue. —Intenté hacer una voz dramática y divertida, al menos era un señal. No salió muy bien, pero había sido un intento. Taylor tomó mi mano derecha y me miró fijamente a los ojos. Sabía que aquí venía su charla preocupada.

Las vacaciones no habían sido demasiado gratificantes, sé que ella quería permanecer a mi lado, dejarme sola en el estado en que me encontraba no le parecía bien, pero no tuvo más elección. Las palabras que le había dicho la última vez que nos vimos seguían grabadas en mi mente, como si las hubiera dicho minutos antes: "Sigue con tu vida, no quiero que nadie se detenga por mí. Ya me siento lo suficiente miserable." Había sido una semana previa al viaje, e intentó por todos los medios convencer a su familia de quedarse, pero no lo consiguió. 

—¿Cómo has estado? No te veo desde tu cumpleaños. —Ella me había enviado mensajes de texto y correos todos los días, además de unas cuantas llamadas. Taylor estaba ahí constantemente, aunque fuera por medio de un aparato electrónico. Ella jamás imaginaría cuando me había ayudado y lo agradecida que estaba por ello.

—Supongo que bien. Nada ha cambiado mucho. Sabes cómo quedaron las cosas con mis padres... No hay mucho que decir. —Mi tono cansado sólo mostraba cuan desanimada estaba.

Antes de que me pudiera responder, el director apareció y todos los estudiantes se organizaron. Como todos los años, nos dieron la bienvenida general, las mismas palabras, la mismas presentaciones del cuerpo docente y demás empleados de la institución. Empezaron a organizar los cursos y dar los horarios. Por suerte, y como era de esperarse, quedé con las mismas materias de Taylor, a excepción de las alternativas. En clase vería a mis compañeros con los que crecí; al ser de último año, las cosas no cambiaban mucho. Una vez terminado, nos indicaron cual sería el salón del grado y el director de curso. Ingresamos allí y tomamos asiento. Por suerte no hubieron presentaciones de nosotros. 

A pesar de que todos pensaban que había superado todo aquello, que con el paso del tiempo estaría bien y seguiría adelante, cada segundo de mi vida, me la pasaba en la tristeza y en la culpabilidad. Casi sonreí al pensar en las frases que más había escuchado a lo largo de los meses: Estarás bien o Sólo fue un accidente. Quizá debería ser así. Las persona logran reponerse, ¿por qué yo no? Me molestaba ver la cara de lástima de la gente, o peor aún, la hipocresía que cernía sobre ellos. Con el paso de los días, sabía que a pesar del interés, sólo era una fachada para quedar bien. Nadie sabía cómo se sentía aquel sentimiento que se había incrustado en mí. Muy pocos sabían qué era pasar por un experiencia así, y en el camino, perder a la persona más importante en tu vida.

—¡Hey, despierta! ¿Estás bien? — Taylor movió su mano frente a mis ojos.

— Lo siento. ¿Qué pasa?

—Estabas como en otro planeta. ¿Has puesto atención a las palabras del profesor? —Podría leer la preocupación en sus ojos. Sé que ella ya sabía la respuesta a eso.

—Yo... No, lo siento, estoy un poco ida. Creo que hoy no es mi día. —Me excusé, con la esperanza que dejara el tema, pero no tenía tanta suerte. La conocía y sé que no sería así. Sinceramente, yo sólo quería volver a casa, estar sola en mi habitación, y sumergirme en las palabras de todos los libros que pudiera encontrar. Hundirme un poco en otro mundo, para no ahogarme con la realidad.

—Lucy, eres mi amiga. Te apoyo y deseo ayudarte. Pero debes ser consciente de que no puedes seguir así. Simplemente no puedes pretender que crea que estás bien, que ya seguiste adelante, cuando es obvio que no es así. No puedo permitir que te dejes morir tú misma, por algo que se salía de tus manos. —Ciertamente me sorprendieron sus palabras, realmente lo hicieron. No respondí a nada. Era un realidad que no aceptaba, por más que abofeteara mi cara.

—Señoritas, ¿algo que deseen compartir con la clase? —Ojos curiosos de mis compañeros cernían su vista sobre nosotras, sólo me encogí en mi puesto y negué con la cabeza.

—No, Señor. Disculpe. —Taylor nos excusó y el profesor asintió, continuando con lo que sea que estuviera diciendo. No pude hablar con ella el resto del día. Estaba enojada conmigo, lo entendía, pero no había nada que yo pudiera hacer. Caí en un pozo sin salida.

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